A finales del siglo XIX, Jesús Millares, un joven de 14 años marcha a Cuba desde su tierra natal, Vilela, en Galicia, en busca de mejor fortuna.
Muchos años más tarde, ya en su madurez, regresa a la aldea adquiere un extenso terreno y construye, como tantos indianos de la época, una casa grande. En ella invierte parte de su fortuna y toda su ilusión. Al pueblo llega con “La Mulata”, una cubana que causa, como mínimo, estupor y ruboriza a las gentes del lugar.
Jesús Millares va y viene de Cuba a Vilela, una vez al año. Por eso acaba siendo conocido por el mote “Don Año”, en gallego “Don Ano”. La casa será conocida desde entonces como Casa Doñano.
Entrado ya el siglo XX, con la casa terminada, Jesús Millares fallece, sin hijos, en La Habana. Sus parientes y "la Mulata" heredan la casa y las tierras. Con los años y los avatares de los tiempos difíciles, las guerras y otros errores, acaban partiendo el lugar y malvendiendo la casa. Es adquirida primero por unos, luego por otros.
En 2006, una catalana de Barcelona, María Rosa Fisas, que también es indiana caribeña, esta vez por Venezuela, conoce la casa y su historia y se enamora de ella. La adquiere, ya reformada y transformada en el actual hotel. María Rosa le imprime entonces su personalidad coincidente, el tono y el color del Caribe. María Rosa ama La Casa igual que la amó Jesús. Ambos son indianos, ambos fueron capaces de convertir esas fantasías en sueños, esos sueños en ilusiones, esas ilusiones en proyectos y esos proyectos en realidad.
La Casa, es un eje que une a Jesús y a María Rosa, pero no el único. Ambos son indianos, ambos caribeños, lo que Jesús le debe al carbón, con el que hizo su fortuna, María Rosa se lo debe al cobre, negocio con el que está vinculada generacionalmente.
Bienvenidos a Casa Doñano. |